Random, de Daniel Rojas: una novela posmoderna experimental.
Jorge Lagos Caamaño
Universidad de
Tarapacá jlagos@uta.cl
Resumen
La presente
aproximación a la novela Random la
ubica estructuralmente en la posmodernidad y da cuenta de un tema crítico de
la sociedad chilena y global actual: la desintegración de la familia.
Palabras claves: posmodernidad, metanarratividad, heterogeneidad,
intertextualidad, Random
Abstract
The present
approximation structurally places the novel Random
in postmodernity, and tells of a critical problem of both the Chilean society
and the present global one: family disin-tegration.
Keywords: postmodernity, metanarrative, heterogeneity, intertextuality, Random
1. Introducción
En una nota de contratapa de la novela, la
editora de Narrativa Punto Aparte escribe sobre Random (2014): “Un personaje en permanente tránsito reconstruye, a
partir de recuerdos, lecturas e imágenes, su historia personal: desde su
infancia aislada y sobreprotegida en la violenta Lima de finales de los ’80,
refugiado en los dibujos animados y las películas; hasta la descomposición
familiar, las relaciones inadecuadas que no terminan de cuajar y su natural
derrotero hacia la poesía” 1.
Random nos presenta un desafío
estructural para su lectura, y a través de
esos elementos estructurantes, nos ofrece una serie de historias
inconclusas registradas en una dispersa memoria que reconstruye la infancia y
el desarrollo del personaje con inserciones de otras vidas inmersas en ámbitos
sórdidos y siniestros de violencia y crímenes gatillados por la política, el
erotismo y la pornografía.
El diálogo con el
género noir, el cine gore, videojuegos, el ciberpunk y el cine actual,
permiten la extensión de la intertextualidad narrativa posmoderna rompiendo
así con el canon del género “novela” y exigiendo a la “enciclopedia” del lector
tradicional un “diccionario básico” en sus realizaciones de reglas de
correferencia, selecciones contextuales y circunstanciales y la ubicuidad en la
hipercodificación retórica y estilística, además de confrontar su propio mundo
de referencia con una nueva matriz de mundo, la cual le pide, esta vez,
familiaridad con géneros musicales, jerga tecnológica de otras lenguas o mezcla
de ellas, abreviaturas y la conformación de otras estructuras de mundo
versátiles, azarosas, desafiantes, inciertas que contienen diversas
macroposiciones de fábula (cf. Eco 1981).
Hipotéticamente,
el texto de Random se nos presenta
fragmentario, heterogéneo y heteróclito, metanarrativo e intertextualmente
dialógico, manifestándose de esta manera, en parte, la concepción posmoderna
de la realidad (Lagos 2003, 2005).
El
ejercicio de la memoria del personaje efectivamente se desarrolla como random,
cuya función como equipo de sonido es “buscar dentro de……”, como buscar dentro
de un kardex, lo cual produce una sensación laberíntica mediante un “track list”,
un listado de música, canciones, etc.; en nuestra novela, historias inspiradas en el mecanismo de un CD digitalizado recorrido por un haz de láser: éste es el experimento narrativo.
1Todas las citas van por la misma edición (v. supra o infra)
2. Random: una novela posmoderna experimental.
La
posmodernidad se ha considerado como un momento de “unmaking”, término que
podría traducirse como deconstrucción, desmantelamiento, descentramiento,
diseminación, desmitificación, diferencia, dispersión.
La posmodernidad, tal como propone Ihab Hassan, según Wellmer, expresa
…una
obsesión epistemológica con los fragmentos o las fracturas, y el
correspondiente compromiso ideológico con las minorías (…). Pensar bien,
sentir bien, actuar bien, leer bien, conforme a la épistémè del “desmantelamiento”,
es rehusar la tiranía de las totalidades; en toda empresa humana, la
totalización es potencialmente totalitaria (1993: 53; nota 2).
Según Lyotard (1989 y 2003) y Wellmer (1993) el posmodernismo es resultante de un proceso de
deslegitimación realizado por la modernidad europea cuyo punto de partida
sería la filosofía de Nietzsche, de tal manera que el posmodernismo estético de
Lyotard aparece como modernismo estético radical, es decir, como un modernismo
que hubiera tomado conciencia de sí mismo.
El posmodernismo así considerado, supone un cierto rompimiento con el
canon establecido (la modernidad), solo que esta vez las nuevas zonas
exploradas o las nuevas reglas que se investigan se encuentran en proceso, lo
que dificulta su completa auscultación por ser nosotros mismos partícipes y
estar inmersos en dicho proceso (Lagos 2005).
2.1. Fragmentarismo y metanarratividad
El fragmentarismo se expresa mediante una serie de relatos inconclusos
con diversos narradores que gráficamente pasan de la letra imprenta estándar a
la cursiva y viceversa, produciendo una alternancia de voces y una
desalienación del proceso habitual de lectura.
La letra en
cursiva representa lo que el narrador extradiegético piensa y que luego dialoga
con la narración propiamente tal escrita en letra imprenta estándar,
produciéndose algunas metalepsis (Lagos 2003; 2005; 2011 y Genette 2004), pues
el narrador extradiegético forma a veces parte también de las narraciones
introduciéndose en la diégesis y metadiégesis de los relatos inconclusos
cambiando de género confundiendo y descolocando así al lector.
La
letra cursiva contiene escritos los pensamientos del que se entiende como el
personaje protagónico o la voz que predomina, una especie de citado o autocitado
que hace mentalmente de sus recuerdos o digresiones. Estos – los recuerdos y
digresiones se cruzan con los textos en formato
diálogo con sus hermanos, padre y alternos, constituyendo reflexiones sobre
la base de lecturas que fluyen y que no están contenidas en lo que no está en
cursiva.
El protagonista,
o voz protagonista, no habla, jamás dice, solo escucha, o la respuesta está
escamoteada y sólo se le entrega al lector la apelación del otro, por eso el
personaje predominante solo piensa en (letra) cursiva o reflexiona; quizás es
parte del silencio, del apocamiento y la frustración que tiene (o tenemos
todos) y que al final solo habla por su supuesta obra literaria. Por eso
también en prosa -sin cursiva- están las metahistorias de violencia que se le
podrían atribuir como creador.
En “26. The
Bravery/Unconditional/3:19” expresa la narradora diegética de esta sección:
-¿Cuándo
empezaste a escribir? Así es… a ti te hablo… No te hagas el tonto, yo te
conozco, eres escritor, no intentes negarlo… Quizás no me recuerdes… Pues
bien, yo estuve en un taller que hiciste hace unos años./…/. Yo misma lo he
intentado, tengo millones de historias para llenar mil libros. Algún día quizá,
si tengo ánimo… (Las negrillas son mías).
Ahora, en cursiva
y a continuación del párrafo, el narrador extradiegético escribe:
(Sí, seguro… algún día) Hay un punto en que todo
se vuelve una excusa, un mecanismo de dilación y debes pensar si todo lo que
has hecho tiene algún valor frente a eso que has dejado en lista de espera… (pág. 30).
Más adelante, se
retoma el diálogo entre ambos narradores para terminar la sección el narrador
extradiegético.
La metanarratividad, por su parte, la entiende
Eco como “…reflexión que el texto hace sobre sí mismo y la propia naturaleza, o
como intrusión de la voz del autor que medita sobre lo que está contando y que
incluso llega a exhortar al lector a que comparta sus reflexiones” (2002: 224;
véase también Genette 1971 y 1982). Para nosotros, este rasgo se puede observar
como realización de metalepsis, metacrítica, metatexto y, específicamente, como
metanovela, en el sentido de que asistimos a trasgresiones por parte del
narrador de los planos narrativos; a juicios sobre la literatura y la novela en
particular desde la novela misma; a evidenciación de los procesos de creación y
construcción del texto (priorización de la enunciación por sobre el enunciado)
en el texto mismo y a novelas o relatos y metarrelatos dentro de la novela
dirigiéndose a ella misma.
Víctor Quezada2 ha dicho al respecto sobre Random:
Fijémonos
solo en un procedimiento. Ese yo personaje que actuaría como conciencia
metanarrativa (esa conciencia que puede ordenar el mundo y crear jerarquías),
cuando aparece, lo hace en cursivas,
como si esa voz que en principio leemos como voz articuladora fuera en realidad una cita.
¿Qué haría, entonces, suponer que esas historias intercaladas sean “vidas
imaginadas” y no la otra historia, la historia de quien escribe? Me pregunto,
¿no será la huella del yo como cita suficiente evidencia de que esa historia
es la vida imaginada?
¿Por qué no pensar que esas vidas inasibles, inarticuladas y siempre
diferentes se parecen más a la realidad, precisamente inasible, inarticulada y
diferente, como pareciera ofrecérsenos a nosotros? Descansa bajo esa
atribución de “vidas imaginadas” a las historias discontinuas una idea de la
realidad o del realismo que infecta el trabajo de la ficción (Soulages).
2 Víctor Quezada (Antofagasta,
Chile, 1983). Es uno de los fundadores de Poesía
Chilena del Siglo XX. Ha publicado los libros de poesía Veinte (La Calle Passy 061 Ediciones, 2004), Muerte en Niza (Marea Baja Ediciones, 2010) y, recientemente, Yoko (Libros del perro negro, 2013).
Además publicó el conjunto de narraciones Compost
(2013). E-mail: laca-llepassy061@gmail.com
Como
muchos narradores contemporáneos, pienso en Claudia Apablaza, por ejemplo,
quizás Daniel Rojas Pachas nos intente decir algo a este respecto: así como no
hay una línea recta entre el nacimiento y la muerte, entre Homero y Joyce, no
hay una vida verificable detrás de la ficción y lo real, es obvio, no es más
que ficción3.
2.2. Heterogeneidad y heteroclicidad
La alusión a géneros distintos desde los epígrafes de cada capítulo a su
inclusión en los relatos relaciona el discurso con la música y con otras
lenguas, dándole el carácter de heteróclito al mismo y apelando constantemente
a la enciclopedia del lector (cf. Eco 1989).
El afán de hurgar en la memoria y reconstruir la existencia del
personaje en busca de una identidad extraviada en un mundo virtual constituido
por programas televisivos y música extranjera, constituye un virtualismo que
enajena, desconcentra, pero que a la vez conecta al personaje (y al individuo
de nuestro tiempo) a una variedad de “antenas de mundos” creando un conflicto
identitario en el protagonista.
En “105. Brainiac/Martian Dance Invasion /2:16” el narrador hace el
siguiente alcance:
Lo he hecho muchas veces, he pasado tardes
enteras y muchas noches, buses y pensiones rodeado de personas /…/, pero
termino hartándome de su mierda, demasiados niñitos bien jugando a ser
rockers, muchas punketas al pedo, góticas teñidas de fucsia o verde
invitándote tragos,” y lanzando citas “de algún libro perdido de Onetti o
alguna frase inteligente de Woolf, Sarah Kane, Pynchon o Guattari/…/ aunque al
final, pese a ser tan esnobs, más allá de su marginalidad, patéticos dentro de
su pose alienada y su cultismo pop, todos juran ser americanistas/…/ se lavan
la boca con Residencia en la Tierra y el Popol Vuh, Churata y la recuperación
de los mapuches y el aymara y cuanta mierda quieran rescatar del olvido y
ajustar a su moda. (pág. 24).
3“La línea entre Homero y Joyce: Random de Daniel
Rojas Pachas”. Por Víctor Quezada en “La calle passy 061” del 06/09/2014
2.3. Dialogismo intertextual
La doble lectura impuesta por el dialogismo intertextual exacerba en el
texto en cuestión las preferencias, seleccionando a lectores competentes
literaria y semióticamente, quienes para comprender el texto deben
reconstruir el enrevesamiento constructivo generativo. De esta manera se
impone más bien un ”guiño culto”, toda vez que un lector ingenuo o semántico (o
semiótico, en términos de Eco) puede abandonar la lectura al encontrarse
preferencialmente con procesos de construcción enunciativos mezclados con
enunciados esperados, levemente distinguidos por el tipo de letra.
El
dialogismo también se expresa a través de la recurrencia intertextual al
género noir, al cine gore, videojuegos, el ciberpunk, géneros musicales,
jerga tecnológica de otras lenguas o mezcla de ellas, el cine actual, a
escritores, críticos y teóricos de la literatura.
En “56. The Who /Baba O’Riley/ 5:08” el narrador
expresa:
Recuerdo esas mañanas, demasiado frágil para
estar en el patio con los otros niños, enajenado viéndolos jugar a la pelota,
ausente desde un ventanal de la sala de clases mientras dibujaba y escribía algunas
historias, más bien re-escrituras de los monos que veía en esos días, los
Halcones Galácticos, los Thundercats, el Súper Agente Cobra y el Festival de
los Robots, […] No conocí la calle hasta los quince, mi mundo era como esas
fantasías de Kate Winslet en Criaturas Celestiales, con todo y Orson Welles
incluido, sólo que en mis sueños el viejo Welles era la voz de Unicron, una
cabeza gigante de robot con unos bigotes muy parecidos a Ming, el enemigo de
Gordon en los Defensores de la Tierra, tragándose todo a su paso…
El
epígrafe inicial -la cita de Barthes- indica intertextualmente la conexión
memorística con otros sistemas comunicacionales y que son –querámoslo o no-
partes constitutivas de la conciencia humana en el mundo actual.
La
portada del libro, el cuadro Sagrada
Familia de Gabriela Tolentino – una artista mexicana-, se conecta con uno
de los aspectos medulares de la novela. El cuadro y el apellido de la autora –Tolentino-,
nos recuerda a San Nicolás de Tolentino (1245-1305) - patrono de las almas del
purgatorio e invocado por ser protector de la maternidad y de la infancia -
cuyas pinturas, que adornaban su
iglesia sobre la Sagrada Familia, abundan en la época. Contrariamente, la
pintura de la mexicana retrata una familia disgregada, fragmentada, que de
alguna manera quiere reintegrarse, pero está surrealistamente descompuesta y
mutilada.
El tema de la familia es transversal en la
novela4 para el
protagonista y para las distintas historias: el padre es echado de la casa por
la madre por el supuesto de tener otra familia. La madre había reaccionado
teniendo por amante a un tío, y el narrador, siendo pequeño, recuerda en “75.
John Lennon/ Watching the wheels/3:32” (‘Mirando la carrera’):
…lucía viejo, cansado,
incluso gordo, pero daba la impresión de ser feliz, muy distinto a como salió
de casa esa tarde de sábado, cuando mamá lo echó cagando. Ese día fue una real
cagada, el espectáculo más patético que he visto. Gritaba que estábamos
equivocados, que él nos probaría que todo era mentira, que nos amaba y que el
tiempo le daría la razón. Se llevó su vida en una caja, me dio un abrazo y
dijo que le daba pena lo ocurrido, que era probable que no nos viéramos por un
tiempo y que yo crecería y eventualmente entendería todo. /…/. Luego subió a
un taxi y los tres lo vimos partir./…/, no quise llorar, pensaba en mamá más
que en él y sin dudarlo dije, cuando el taxi ya no se veía: “Este conchasumadre
cree que somos huevones, se caga a mamá y viene a decir que el tiempo le dará
la razón” (pág.
59).
La vida del
protagonista, fragmentada y ensamblada con otras historias, se extiende desde
su asmática infancia, adolescencia, estudiante universitario de derecho, de
literatura, profesor de universidad, editor, poeta y escritor. Toda la novela
opera tal como funciona la memoria del protagonista que nos habla a través de
los recuerdos de una niñez desarraigada signada por la falta de un padre y la
presencia de una madre sobreprotectora, además de una enfermedad respiratoria
(asma) que lo aísla de los otros niños. Con letra cursiva, al final del texto, el narrador reflexiona poéticamente una vez más sobre su escritura y el mundo que intenta representar a través de ella:
Cuántas veces puedes escribir la misma historia y recorrer un mismo camino memorizando el orden de esas luces que anticipan ciudades naciendo detrás de una montaña, inundan la oscuridad como una gran paño artificial hecho de destellos y, en esos puntos diminutos, cuántas vidas se están repitiendo y cuántas se deciden… El mismo texto para distintos lectores… A veces trato de imaginarlos pero me supera y pongo atención en uno solo, lo imagino, me pro-yecto y creo que alguien en ese cuarto me está pensando, un niño con asma, quizá él pone pausa a su partida de Final Fantasy para mirar desde la ventana/…/. (Pág. 151).
4El
tema de la familia fue recurrente en parte considerable de las ponencias de las
mesas en el Congreso de SOCHEL 2014, ya como crítica desde las nuevas a las
viejas generaciones por ser éstas aún temerosas como consecuencia de la
dictadura chilena; familias desintegradas con hijos a la deriva; miedos
compulsivos hacia la autoridad por parte de los padres en latinoamérica y en
Chile; pérdida de valores humanos por un consumismo exacerbado producto del
sistema neoliberal global, etc.
3. A modo de conclusión
La estructura
generativa organizacional de la novela de Rojas demanda del lector una
inhabitual forma de leer poniendo “en máxima tensión los límites del género
narrativo”, según palabras de la editora en la contratapa del libro. Esta
tensión supera el concepto tradicional de realidad y por ende el de
racionalidad por la toma de conciencia de que el sujeto es parte del ámbito que
describe e interpreta y que aquello que interpreta se realiza y construye en el
lenguaje.
En este mismo
sentido, la novela impulsa en el lector empírico su inclusión en un proceso de
desenajenación o salida del enunciado (del lenguaje-objeto) para iniciar un
proceso de descubrimiento del proceso mismo de construcción en aras del
encuentro de reglas que conforman estructuras (lenguaje-significante) como modo
de adaptación constante y permanente de lo incompleto, inacabado y por hacer,
metáfora del tipo de sociedad que enfrenta el hombre posmoderno en la que los entimemas (Aristóteles s/f y Barthes
1970 y 1974) construidos soportan (y viceversa) el verosímil (Todorov 1970 a y
b) de una sociedad del conocimiento que cambia de modo vertiginoso por la
globalización y tecnologización del saber, del poder, del trabajo y por ende de
la cultura, de aquella cultura entendida, con Max Weber y Clifford Geertz
(2000), como una urdimbre o tramas de
significación que el mismo hombre ha tejido y que le permite reconocerse como
tal dentro de la sociedad.
Pareciera
ser, por último, que el mensaje metafórico final es conducirnos a una toma de
conciencia de la clave vital del mundo posmoderno: conocer las reglas vigentes
temporales y versátiles de la sociedad y que ya no hay canon validable (fin de los metarrelatos).
Leyendo
esta rítmica novela que coincide con la pulsación actual de todo tipo de
lector a pesar de su estructura no lineal, aparecen en el receptor asociaciones
con otras lecturas en muchos momentos: la historia de Giambattista Yambo
Bodoni de La misteriosa llama de la Reina
Loana de U. Eco (2005) y de Flannery y el Lector (personaje) de Si una noche de invierno un viajero de
Italo Calvino (1980), en la que la reconstrucción de la memoria y las
historias inconclusas y fragmentadas, respectivamente, conforman una especial
y significativa metáfora del mundo actual posmoderno.
En
Random, Daniel Rojas crea estrategias
que trabajan la forma, el cruce con elementos del pop, la integración del
lenguaje del videojuego y la fragmentación que también puede encontrarse en su
libro Carne (2011); el cruce de
discursos en que se reescriben intertextualmente pasajes de la poesía o que se
insertan como parte de su prosa creando una fusión entre lo dicho por otros y
por su hablante: esto lo realiza en Cristo
Barroco (2012) y en ciertas partes de su libro Soma (2012), que es un híbrido de poesía y prosa. Allí comienza a
trabajar el tema de lo aleatorio, azaroso y el bricolage en que elementos
dispersos crean una unidad para el lector desde la dispersión.
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